PERJUICIOS INDEMNIZABLES EL/LA “AMA DE CASA” POR MUERTE O LESIONES PSICOFÍSICAS SUPERIORES AL 50%

Con el objetivo de reivindicar el rol de la mujer como proveedora de la familia y reconocer que la fuerza de trabajo, dedicada tanto a las labores domésticas como de cuidado, genera un ingreso cierto en el patrimonio familiar o un aporte en especie o industria, además, de resultar indiscutible la importancia del trabajo de las amas de casa para la sociedad, ubicándolo dentro de la categoría de las actividades productivas, la Sección Tercera del Consejo de Estado en sentencia del 27 de junio de 2017, precisó que los perjuicios materiales derivados de la ausencia de la persona que funge como “encargada de la economía y cuidado del hogar” deberán considerarse como un lucro cesante en cabeza de quienes se beneficien directamente de actividades desplegadas por el/la “ama de casa”, para lo cual se aplicará la presunción o inferencia de un salario mínimo mensual legal vigente (SMMLV).

 

Lo anterior, debe predicarse según la sala, independiente de las estructuras familiares en las que uno de los individuos (hombre o mujer) se encargue de las labores domésticas y las actividades de cuidado.

 

En reciente pronunciamiento se resalta, además, que el daño imputable por la muerte o la invalidez del 50% o más, de una persona que se dedicaba a las labores de economía y cuidado doméstico genera, los siguientes perjuicios extrapatrimoniales resarcibles:

 

Daño o perjuicio moral, según los criterios unificados de la Sección Tercera.

 

Daños a bienes convencional y constitucionalmente protegidos, para lo cual se podrá acudir, en principio, a medidas no pecuniarias que tiendan a reestablecer el núcleo esencial de los derechos lesionados, como el derecho a la familia, o, en su defecto, reconocer una indemnización de perjuicios que podrá llegar hasta la suma de 100 SMMLV.

 

Esta circunstancia impulsó la creación de instrumentos en el Derecho nacional e internacional que permiten estimar económicamente esa actividad, actualmente denominada “economía del cuidado”, la cual se refiere, de acuerdo con el Departamento Nacional de Estadística (DANE), a “la producción, distribución, intercambio y consumo de los servicios de cuidado”, que podrán ser de carácter indirecto cuando se asimilan al trabajo doméstico, y directo si involucran el desarrollo de una relación interpersonal.

 

En Colombia, se expidió la Ley 1413 del 2010, con la que se reguló la inclusión de la “economía del cuidado” en el sistema de cuentas nacionales, con el objeto de medir la contribución de la mujer en el desarrollo económico y social del país.

 

En un recuento jurisprudencial, el Consejo de Estado ha concebido la tipología patrimonial en relación con los perjuicios que erigen de menoscabos provocados a personas que desarrollan actividades del hogar, así, en 1990 se concibió como un lucro cesante; en 1997 como un daño emergente en tanto se debía incurrir en gastos para el cuidado de los hijos menores; en 2006 como un daño emergente consolidado y futuro; en 2008, acogiendo el criterio del salario mínimo, se calificó como un lucro cesante; en 2013 se reiteró lo anterior en el sentido de reconocerlo como lucro cesante y de igual manera, en 2015 se condenó a la administración al lucro cesante en tanto a que la labor económica como socialmente productiva, implica un reconocimiento patrimonial.

 

Con el acostumbrado respeto,

 

 

 

JORGE ELIÉCER RUIZ SERNA

ABOGADO


Publicado: 27 de marzo de 2019


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